¿He dicho que soy feliz cuando estoy en clase? Pues por si acaso lo repito: Soy feliz cuando estoy en clase. Tenía que contarlo, porque realmente lo estoy. Y si lo digo cuando estoy mal, también lo diré cuando estoy bien. Eso.
Hoy me he lavado el pelo (Es mi blog y si yo veo esto un dato importante, pues es un dato importante, ¿vale?) y antes, estuve buscando un CD para escuchar mientras (En estos momentos es cuando me enfado conmigo misma para tener tanta música en el ordenador). Y como la mayoría de las cajas estaban vacías porque los discos los tengo en el coche y los que tenía ya los había escuchado demasiadas veces...si, amigos me puse el disco de Fran Perea. Ojo, que yo cuando tenía...hmm... 10 años u 11, creo recordar, era super fan de este señor. Pero fan fan. Incluso fui a un concierto de una de sus giras. Bueno, la única, creo. Y me compré una camiseta del merchandising ese en el concierto. Concierto que por cierto fue la polla y que viví con mi madre al lado, las dos sentadicas en las gradas.
Recuerdo que justo al día siguiente del concierto, me iba de vacaciones con mi señora madre a algún sitio, creo que a Barcelona. Y hacíamos escala en Madrid. Bien, pues estábamos las dos en el aeropuerto de buena mañana cuando veo a un chico con gafas de sol, acompañado de una chica con otras gafas de sol todavía más grandes y un señor al lado con sombrero, pero sin gafas de sol. Se me paró el corazón un rato (Si soy fan, soy fan, pero fan fan) y llamé a codazos a mi madre. En efecto: era Fran Perea.
Entró en la única tienda que había y se puso a mirar los periódicos. Como la tienda tenía cristal en lugar de pared, yo lo miraba desde el otro lado (Nada de miradas lascivas, por favor, que tenía 10 años. Yo, no Fran Perea). Tenía su disco, ya que de aquella tenía Walkman (No, era Discman, ¿no? Bueno, el de los CDs) y solo escuchaba a Fran Perea (o a SJK si me apuras). Al cabo de un rato, sale el señor del sombrero, se dirige a mi y mantenemos una conversación muy intensa:
- ¿Quieres que te lo firme Fran?
- Eh... si.
- Vale, ¿Cómo te llamas?
- ¿Qué? Eh... Carolina.
Entra de nuevo en la tienda, se lo da a mi idol, se saca un permanente del abrigo, lo firma y vuelve el señor del sombrero. Me lo da y vuelve a entrar en la tienda.
Y yo sonrío mucho (de aquella no me habían puesto los brackets todavía, era feliz con mis dientes torcidos).
Si hay algo bueno del aeropuerto de Coruña es que no tiene pérdida: Tiene un detector de metales, dos policías y cuatro puertas de embarque, por lo tanto, pude seguirle con la mirada disimuladamente durante un buen rato.
Cuando entramos al avión, ¿A quién me encontré en la Businessclass? En efecto, a él, a la chica y al señor del sombrero, ámbos con gafas de sol. Lo miré con disimulo y me fui a mi asiento (Obviamente, en la Businessclass no. Total, de aquella daban cacahuetes de todas formas).
Bueno, después fui a Barcelona y volví y fin. La verdad es que no recuerdo muy bien el viaje, eso si, Barcelona es muy bonita, de eso me acuerdo.
Eso si, al fin y al cabo no puedo presumir de haber tocado a Fran Perea. Es una pena.

